jueves, 11 de julio de 2013

San Jorge y el dragón

e dice que hace mucho tiempo la ciudad de Montblanc vivía angustiada por la presencia de un feroz dragón. Un dragón que volaba, escupía fuego y de tan terrible aliento que algunos morían al olerlo.
Ese dragón era la pesadilla de los ganaderos, pues se comía todo el ganado que encontraba. Se comió todos los conejos de desayuno. Al mediodía acabó con todos los cerdos. De merienda le vino bien comerse a todas las ovejas. Y la cena fueron todas las vacas.
Cuando ya no quedaba nada que darle de comer al dragón, este les exigió que cada semana se le entregase un chico o una chica de la ciudad para comer, de lo contrario, acabaría con la ciudad.
Los habitantes de la ciudad estaban aterrados. Decidieron que se elegiría por sorteo entre todos jóvenes de la ciudad quién sería el desafortunado que debía servir de alimento a tan despiadado dragón.
La primera afortunada fue, ni más ni menos, que la hija del Rey. La joven princesa se puso a llorar desconsolada. También su padre lo hizo, que aún siendo el Rey y poder cambiar las leyes a su antojo, pensó ... ¿quién iba a ofrecer a sus hijos para calmar el dragón si el propio Rey rehuía de ello?
Así que cuando la princesa salió al encuentro del dragón, el Rey y todos los ciudadanos rezaron para que ocurriera un milagro, que el dragón desapareciese, la joven princesa pudiera volver a casa y todo hubiese sido una horrible pesadilla.
La princesa caminó hasta la cueva del dragón. No tenía pérdida, sólo tenía que seguir el hedor que dejaba el dragón tras de si. Oyó que el dragón salía de la cueva. Feroz la enseñó los dientes mientras se reía "¡Que gran festín!" dijo.
Pero de repente se oyó un caballo que iba al galope. Y un grito de guerrero "¡Enfréntate antes a mi, dragón!". Y valiente apareció un caballero montado sobre un blanco corcel.
El dragón se abalanzó sobre él y empezó una lucha terrible hasta que finalmente el caballero consiguió con su lanza travesar el corazón del dragón, que cayó fulminado al suelo.
De la sangre que salía de la herida del dragón, nació un rosal, con rosas rojas. El caballero cortó una y se la regaló a la princesa, para presentarse y llevarla de vuelta al castillo.
Una vez allí el caballero se despidió de ella y siguió su camino.

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